Temática

Con respecto al análisis temático de las obras de Blanca Prieto, según ella misma ha declarado, éste ha sido uno de los puntos que más cambios han experimentado a lo largo de los años. Así en sus primeras obras realizadas en su localidad natal se centraba fundamentalmente en motivos “tradicionales”, es decir, estampas de carácter costumbrista reflejado en escenas de matanza, retratos de su familia, bodegones etc.
No obstante, este tipo de iconografía pronto dejó de ser de su agrado lo que motivó un cambio en la orientación de su obra pictórica, para centrarse en los temas que en la actualidad parecen destacar en su producción.

Así, la figura humana es un motivo que desde sus orígenes ha estado presente en la obra de Blanca. Lo más significativo se observa no en el tipo de personajes representados, sino en el tratamiento que éstos reciben, pues lejos de ofrecernos una imagen más o menos convencional, se decanta por la representación de desnudos que muestan de manera explícita su cuerpo al espectador que los contempla.
Otro de los rasgos que llaman la atención de sus mujeres, se observa en el hecho de que la mayor parte de sus rasgos aparecen ligeramente difuminados, como envueltos en sombras, debido a la importancia que su autora otorga a la materia plástica lo que provoca que sus rostros aparezcan deformados y tan sólo se insinúen determinadas zonas estratégicas de la anatomía femenina.

También se puede indicar que en sus representaciones femeninas es frecuente encontrar la imagen de una vieja que actúa como acompañante del personaje principal, lo que le permite a Blanca establecer un juego entre  vejez-juventud, e incluso dejarnos entrever determinadas insinuaciones que lo relacionarían en cierto modo con el personaje de la Celestina.

Al margen de los desnudos, en ocasiones se muestra interesada en ofrecer estampas de carácter cotidiano en las que los personajes se encuentran sentados en torno a una mesa. Pero sin duda lo más llamativo reside en la apariencia de estos seres que pese a ser humanos parecen más cercanos a espectros que emergen de las sombras.

En este tipo de escenas llama la atención el término que en ocasiones la autora ha utilizado, “vánitas”, como si quisiera hacer una reflexión acerca de la vida y la muerte, la fragilidad de la belleza carnal que se pone de manifiesto en el inevitable paso del tiempo y los fantasmas de la muerte presentes en los extraños seres situados en el fondo del cuadro, como queriéndose apropiar tal vez del sentido que este tipo de obras tenían en la época barroca.

Como complemento a los motivos dedicados a lo humano, conviene realizar una breve referencia a los cuadros de toreros que despiertan cierta curiosidad en Blanca debido a que suele utilizarles como pretexto para establecer el juego o la dualidad existente entre luz-sombra, valor-miedo, vida-muerte.

Otro de los temas tratados ha sido el paisaje. Tal vez esta denominación no resulte en esencia la más adecuada, pues no nos encontramos ante una paisajista propiamente dicha, aunque su utilización vendría justificada para referirnos a determinados cuadros que se caracterizan por ofrecer una panorámica del entorno rural que la autora conoce demasiado bien.

Uno de los rasgos que más llama la atención se manifiestan en el hecho de que ha tomado como referente pueblos reales con la presencia de plazas o la típica vista panorámica de las casas y la iglesia de fondo.

No obstante, lo novedoso parece observarse en la apariencia casi fantasmal que parecen ofrecer los “pueblos perdidos” como ella misma los ha denominado.

Nos encontramos ante vistas en las que la materia plástica adquiere una especial importancia, pues envuelve los perfiles arquitectónicos transmitiendo un efecto de ensoñación de encontrarse ante escenarios irreales pese a su procedencia del mundo real.

En la representación de sus pueblos parecen adivinarse también el interés por transmitir la sensación de aridez, solidez y dureza, elementos que no le resultan desconocidos al formar parte de sus propios orígenes.

Otro de los elementos que se pueden indicar, es la presencia de nieblas que envuelven a sus pueblos lo que origina una doble sensación por un lado un sentimiento de nostalgia, de sabor agridulce, melancólico y por otro la presencia de una atmósfera de misterio no exenta de cierto valor poético.

Por otra parte, durante los últimos años han aparecido en las pinturas de Blanca referencias a edificios románicos, en los que le ha interesado enfocar por encima de todo su aspecto externo, y en concreto recrearse en cada uno de los símbolos que ornamentan tanto las columnas como los arcos que enmarcan la portada de acceso.

La mayor parte de estos elementos poseen una naturaleza antropomórfica que la pintora ha reproducido directamente del natural pero donde lo más curioso quizá se observe en el tratamiento de los mismos, pues parece emerger de las sombras como si se tratasen de fantasmas que se mantuvieran al acecho.

También se puede apreciar como en algunos de sus cuadros, Blanca ha pretendido ofrecer un contraste entre la representación de las arcadas y los pilares que tienden a difuminarse en medio de una materia brumosa, y la puerta de madera que sobresale en el centro para de esta forma resaltar los imponentes herrajes que la recorren

Otro de los factores que conviene mencionar, lo constituye el que los símbolos que Blanca ha reproducido como emblemas del románico, parecen cobrar vida pues no se revelan como elementos estáticos sino en movimiento como si estuvieran levitando o flotando por la superficie pétrea en la que se encuentran inmersos.

Otro de los datos significativos y que algunos autores han resaltado, ha sido el deseo de centrarse en la representación de una serie de elementos en los que ha pretendido resaltar su belleza que habitualmente pasa desapercibida para el público. Y también el interés en ofrecer el transcurrir del tiempo de tal forma que dichas portadas se convierten en fiel testimonio del recuerdo de quienes pasaron por delante en el pasado.

Además, en ocasiones esta autora en lugar de ofrecer una representación general de los edificios románicos, se centra en la reproducción de los seres fantásticos que forman parte de la decoración de este tipo de obras donde lo humano y lo monstruoso tiende a confundirse.

Otro de los temas destacados son los bodegones, en su mayoría aparecen integrados por conjuntos de libros que se apilan sobre un estante o mesa acompañados en ocasiones por otra serie de elementos como por ejemplo botellas, frutas etc, lo que le relaciona con las escenas de interior ya mencionadas.

En estos cuadros se observa nuevamente el carácter nostálgico que parece sobrevolar toda su temática, y al mismo tiempo una especie de retorno a la idea de vánitas que se pueden observar en algunos de sus interiores, y que en este caso se encontraría presente mediante el reloj que inexorablemente marca el paso del tiempo.