Etapas

1-Primera etapa 1960-1980.

Este periodo se le podría considerar como de asimilación de los conocimientos adquiridos en los diversos lugares frecuentados por esta autora, lo que permiten, además, desarrollar sus primeras obras importantes.Los cuadros en los que Blanca trabaja durante la década de los sesenta y setenta, se centran fundamentalmente en el desarrollo de una temática de carácter costumbrista centrada en imágenes de mujeres de pueblos y algún que otro bodegón.

El principal aspecto que llama la atención de las figuras representadas en estos cuadros, se caracterizan en la volumetría de sus cuerpos y el carácter desdibujado de sus rostros, como si nos encontrásemos ante simples bocetos o apuntes.

Otro de los rasgos significativos de este tipo de obras se observaría en que la mayor parte de sus mujeres aparecen representadas conversando o realizando otra serie de actividades como la costura o el cuidado de los niños, casi siempre en el exterior de las casas que aparecen tratadas como telón de fondo o complemento de las figuras.

2-Segunda etapa 1980-1990.

Este segundo periodo coincide con la actividad que Blanca desempeña al frente de la escuela de cerámica de Aranjuez, lo que no significa que abandone por completo el trabajo pictórico pues lo continúa desarrollando aunque de manera más lenta y espaciada.

De esta forma con respecto a las obras que realiza durante estos años, se observa la presencia de algunos motivos que no habían estado presentes en la etapa anterior. Esto se manifiesta en la introducción de los primeros interiores en los que los personajes representados se amparan en las sombras, como preámbulo del tipo de ambientes que será frecuente encontrar en las obras que esta autora realizará durante los años noventa.

Otro de los cambios destacados se observa en el interés que manifiesta por el paisaje, al que representa con ciertos indicios expresionistas tanto en el tipo de tonos empleados como en el tipo de pincelada utilizada rápida y ágil como si quisiera ofrecer al espectador un estado de naturaleza salvaje.

3-Tercera etapa 1990-hasta la actualidad.

Este periodo supone un importante cambio en la pintura de Blanca Prieto con respecto al tipo de obras en las que se había centrado hasta el momento.
Los cambios más destacados se observan fundamentalmente desde el punto de vista técnico, debido a la importancia que la palentina otorga a los materiales utilizados y el tratamiento que éstos reciben, reflejado en un interés por conseguir texturas de diferente grosor lo que la permite conceder más valor a los efectos conseguidos que al motivo representado.

Otro de los factores que se pueden mencionar, se observa en el hecho de que Blanca tiende a cubrir la superficie del lienzo en su totalidad lo que le impide realizar concesiones al vacío y transmitir al espectador una sensación de horror vacui.

Por otro lado, en los cuadros en los que trabaja durante estos años, podemos encontrar tal vez una mayor concesión a lo abstracto manifestado especialmente en la forma en que se encuentran trabajados los fondos. Lo que no significa en absoluto una completa desaparición de los elementos figurativos, que se mantienen, aunque en ocasiones ofrezcan una apariencia difusa, como si hubieran sido absorbidos por el fondo, lo que nos permitiría establecer unos límites poco precisos entre continente y contenido.

Otro de los cambios que se pueden mencionar en las obras de este periodo y que en cierto modo las diferenciaría de las realizadas con anterioridad, se manifiesta en la existencia de una iconografía que parece resolverse mediante una serie de grupos que se repiten de forma constante en la mayoría de sus cuadros.

No obstante, la principal novedad no radicaría tan sólo en el tipo de motivos utilizados que han sido adoptados del entorno en el que se mueve Blanca, sino en el tratamiento otorgado a los mismos rodeados de una atmósfera extraña que les alejaría de la cotidianeidad.

En esta misma línea se encontrarían los cuadros en los que se encuentra trabajando desde 1999, caracterizados por la presencia de estampas de pueblos cuya apariencia parece contener esa otra realidad oculta ante nuestros ojos y en la que se encuentra más interesada. Unos paisajes que en su mayoría se encuentran distribuidos en bandas horizontales, y donde juega con el color y las texturas para intentar transmitir cierta sensación de magia en el espectador.